En una relación, el conflicto nunca ocurre realmente entre dos personas, sino dentro de la mente que cree estar separada. Por eso el Curso insiste en que las relaciones no se sanan negociando comportamientos, sino corrigiendo el propósito en la mente. El Instante Santo es precisamente ese cambio de propósito.
Cuando en una relación aparece tensión, miedo, ataque, resentimiento o sensación de amenaza, el ego interpreta que “el problema es el otro”. En ese momento la relación se experimenta como dual: yo contra tú, ganador contra perdedor, víctima contra culpable. El Curso dice que ese es el punto exacto donde puede elegirse de nuevo.
Si una sola persona, en medio de ese conflicto, se detiene interiormente y ofrece ese instante al Espíritu Santo —sin exigir cambio externo, sin justificar su posición, sin intentar ganar—, está renunciando al propósito del ego para esa relación. En ese gesto interior, la relación entera queda incluida en el Instante Santo, porque el propósito es uno solo.
Aquí es donde se entiende por qué basta la petición de uno solo. La relación no tiene dos propósitos distintos en el nivel de la mente. O sirve al ego o sirve al Espíritu Santo. Cuando uno elige de verdad al Espíritu Santo, el propósito de la relación cambia, aunque externamente el otro aún no sea consciente de ello.
El Curso explica que esto no significa que el otro vaya a comportarse inmediatamente de forma amorosa. Significa algo más profundo: la relación ya no se usa para separar, culpar o defender identidades. La sanación ya ha ocurrido en la causa, aunque el efecto aún esté desplegándose en el tiempo.
Por eso también dice que el Instante Santo no puede llegar a menos que ambos lo deseen. No se refiere a que ambos egos lo pidan conscientemente, sino a que no puede mantenerse una división interna en el propósito. Cuando uno elige completamente al Espíritu Santo, ya no hay una parte de la mente que siga queriendo el conflicto. En ese sentido, “ambos” ya están incluidos, porque la mente ya no está dividida.
Esto es lo que transforma una relación especial en una relación santa. La relación especial se basa en la idea de que el otro debe cumplir una función: darme algo, completarme, confirmarme o repararme. La relación santa comienza cuando uno deja de usar al otro para ese fin y lo ofrece al Espíritu Santo sin condiciones.
El Instante Santo es, entonces, el punto de inflexión. No es un acuerdo entre dos personas, sino una decisión interior de no seguir usando la relación como escenario de separación. A partir de ahí, la relación deja de ser un lugar de negociación y se convierte en un medio de sanación.
En términos muy simples y fieles al Curso:
cuando uno deja de querer tener razón y prefiere la paz, la relación entera entra en el Instante Santo, porque en la mente nunca hubo dos.
Para profundizar
Párrafos clave
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Ejemplos
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