Según Un Curso de Milagros, la corrección no se refiere a cambiar el mundo externo ni a castigar conductas, sino a cambiar la percepción interna. La mente que corrige reemplaza las ideas falsas, basadas en miedo, culpa o separación, por el reconocimiento de la verdad: que la mente es completa, inocente y capaz de amor.
La corrección es inseparable de la Expiación y del perdón, porque al reconocer la realidad y liberar la mente de juicios y errores, se deshace todo conflicto. No es un proceso que dependa del esfuerzo físico ni de la disciplina externa; es un cambio de pensamiento que surge al permitir que la mente sea guiada por la verdad, usualmente a través del Espíritu Santo.
En la práctica diaria, la corrección se aplica cada vez que identificamos un pensamiento o percepción errónea —por ejemplo, miedo, ataque o culpa— y elegimos ver la situación desde el amor y la unidad, en lugar de reforzar la ilusión del error. Así, la corrección restaura la paz interior y permite que la mente perciba la realidad tal como es: completa, compartida y libre de conflicto.
Diferencias con otros términos:
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La corrección: actúa en el pensamiento; cambia cómo ves la realidad.
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La sanación: es la manifestación de esa corrección en tu experiencia y cuerpo.
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La Expiación: es la corrección completa, definitiva, que elimina la ilusión del error y muestra que el perdón y la verdad son universales.