En Un Curso de Milagros, el mal no existe, no es una realidad, sino una percepción errónea nacida del miedo y del pensamiento equivocado.
La mente inocente no es aquella que “desconoce” el mal por falta de experiencia, sino la que no le concede realidad, porque reconoce que el mal no existe en la verdad. Desde esta perspectiva, el mal no es una fuerza real, sino una interpretación errónea nacida del miedo.
Según Un Curso de Milagros, el mal no existe como entidad real ni como fuerza opuesta al bien. No es algo creado ni sostenido por el Creador, sino una interpretación que surge cuando la mente cree en el miedo, la culpa y la separación. Lo que se percibe como mal es, en realidad, una expresión del error en la percepción y del conflicto interno de la mente.
El Curso enseña que aquello que se llama mal no tiene sustancia propia: es el resultado de confundir la ilusión con la verdad. Por eso, el mal no se combate ni se corrige mediante castigo, ataque o juicio, sino mediante la corrección de la percepción, que devuelve a la mente al reconocimiento del amor y la inocencia.
Desde esta visión, identificar algo como mal no revela una verdad objetiva, sino una necesidad de corrección. Cuando la mente se sana y deja de creer en el miedo, el mal pierde todo significado, porque solo lo verdadero —el amor, la unidad y la inocencia— permanece.
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