Un Curso de Milagros enseña que la inocencia no es ignorancia ni ingenuidad, sino una forma elevada de sabiduría. La mente inocente no es aquella que “desconoce” el mal por falta de experiencia, sino la que no le concede realidad, porque reconoce que el mal no existe en la verdad. Desde esta perspectiva, el mal no es una fuerza real, sino una interpretación errónea nacida del miedo.
El Curso invita a comprender que la sabiduría auténtica no consiste en saber distinguir entre bien y mal, sino en reconocer únicamente lo verdadero. La mente inocente no se ocupa de vigilar amenazas ni de juzgar errores, porque está plenamente consciente de la verdad: el amor, la plenitud y la unidad. Al no dar valor al error, éste pierde su aparente poder.
Esta enseñanza tiene una aplicación directa en la vida cotidiana: cuando elegimos interpretar desde la inocencia, dejamos de reaccionar al miedo, al ataque o a la culpa, tanto en nosotros como en los demás. En lugar de eso, reconocemos que lo que parece mal no define la realidad ni la identidad de nadie. Así, la inocencia se convierte en un principio activo de corrección, sanación y paz, y en la base de una percepción clara y sin conflicto.
Para profundizar
Párrafos clave
T-3.I.7.4-5 – La inocencia no tiene conciencia del malEjemplos
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