En Un Curso de Milagros, la realidad es lo que es verdadero, eterno e inmutable, y solo puede conocerse desde el amor, no desde la percepción basada en el miedo.
Según Un Curso de Milagros, la realidad no es lo que perciben los sentidos ni lo que cambia con el tiempo. La realidad es aquello que permanece, que no puede ser amenazado ni alterado, y que procede del amor. Por ello, la realidad es una, compartida y plenamente coherente, y no admite opuestos como el miedo, el ataque o la carencia.
El Curso distingue claramente entre realidad y percepción. La percepción puede estar distorsionada por el miedo y el ego, y por tanto producir ilusiones que parecen reales en la experiencia personal, pero que no lo son en verdad. La realidad, en cambio, solo puede ser reconocida cuando la mente es corregida y deja de interpretar desde el conflicto.
Desde esta perspectiva, conocer la realidad no implica analizar ni juzgar el mundo externo, sino aceptar un cambio interno de percepción. Cuando la mente se alinea con la verdad, la realidad se reconoce de manera natural como amor, unidad e inocencia compartida, y todo lo que no coincide con esto se revela como ilusión sin poder real.
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