T-3.V.9.1-7 – El perdón es el medio para sanar la percepción de separación

El perdón es lo que sana la percepción de separación. Es necesario que percibas correctamente a tu hermano debido a que las mentes han elegido considerarse a sí mismas como entidades separadas. El Espíritu tiene absoluto conocimiento de Dios. En eso radica Su poder milagroso. El hecho de que cada uno de nosotros disponga de ese poder en su totalidad es una condición enteramente ajena al pensar del mundo. El mundo cree que si alguien lo tiene todo, no queda nada para los demás. Mas los milagros de Dios son tan totales como Sus Pensamientos porque son Sus Pensamientos.

Interpretación

Este párrafo condensa una de las ideas centrales de Un Curso de Milagros: la separación no es un hecho, sino una percepción, y el perdón es el medio para sanarla.

Cuando el texto dice que el perdón sana la percepción de separación, no se refiere a excusar conductas ni a “ser bueno”, sino a corregir la manera en que vemos al otro. La separación no ocurrió en la realidad, sino en la mente, cuando ésta eligió verse a sí misma como aislada, distinta y opuesta a las demás. Por eso, la sanación no puede darse en el nivel del comportamiento, sino en el nivel de la percepción.

Percibir correctamente al hermano es necesario porque el hermano no es realmente “otro”. En el sistema de pensamiento del Curso, las mentes se perciben como separadas, pero siguen siendo una sola en la verdad. Cuando veo a mi hermano como culpable, amenazante o distinto de mí, refuerzo la ilusión de separación. Cuando lo perdono, retiro esa interpretación y permito que la unidad se recuerde.

El texto introduce entonces al Espíritu, diciendo que Él tiene conocimiento absoluto de Dios, y que ahí reside Su poder milagroso. Esto significa que el Espíritu Santo no percibe, sino que sabe. No ve diferencias, carencias ni conflicto. Desde ese conocimiento, puede reinterpretar nuestras percepciones y producir el milagro, que es la corrección de la visión equivocada.

Lo decisivo viene después: cada uno de nosotros dispone de ese poder en su totalidad. Esto es radicalmente opuesto al pensamiento del mundo. El mundo funciona desde la escasez: si uno tiene algo, otro lo pierde. El Curso enseña lo contrario: el conocimiento, el amor y los milagros no se dividen. Compartirlos no los reduce, los extiende.

Por eso el perdón no empobrece ni sacrifica. No “cedes” nada al perdonar. Al contrario, recuperas la visión que habías perdido al juzgar. Los milagros son totales porque proceden de los Pensamientos de Dios, y los Pensamientos de Dios no pueden fragmentarse.

En síntesis, el perdón corrige la percepción falsa de separación, el milagro surge de esa corrección, y compartirlo no resta nada, porque en la verdad no hay competencia ni pérdida, solo reconocimiento de unidad.

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