Una persona que busca constantemente reconocimiento en los demás.

Imagina a alguien que, en lo profundo, es plenamente capaz, valioso y completo, pero que vive identificándose con el mundo de la separación. Desde esa percepción, se siente incompleto y cree que necesita aprobación externa para sentirse bien consigo mismo. Si recibe elogios, se siente momentáneamente satisfecho; si no los recibe, aparece el malestar, la inseguridad o el resentimiento.

Al buscar reconocimiento externo para sentirse completo, la persona se vuelve dependiente de factores que no controla. Su bienestar emocional fluctúa según la aprobación o el rechazo de los demás, lo que genera inestabilidad, ansiedad y miedo a no ser valorado. Vive en una constante vigilancia de cómo es percibido, lo que agota y limita su espontaneidad.

En las relaciones, esta percepción de incompletud puede traducirse en apego, exigencia o resentimiento. La persona puede dar esperando algo a cambio, interpretar el silencio como rechazo o sentirse herida con facilidad. Esto crea conflictos, malentendidos y relaciones desequilibradas, donde el otro es visto inconscientemente como responsable de su estado emocional.

A nivel personal, esta dinámica refuerza una autoimagen frágil. En lugar de actuar desde la confianza, la persona toma decisiones para agradar, evitar el rechazo o demostrar su valía. Esto puede alejarla de lo que realmente desea y generar una sensación persistente de vacío, incluso cuando aparentemente “todo va bien”.

Según UCDM, la perfección no se ha perdido, pero sí se ha olvidado. La sensación de incompletud no proviene de una carencia real, sino de una percepción distorsionada. La persona no “carece” de valor; simplemente está interpretándose a sí misma desde la idea de separación, creyendo que algo externo debe completarla.

Cuando esa persona deja de buscar fuera y empieza a cuestionar la creencia de que le falta algo, la sensación de incompletud se debilita. No porque haya obtenido lo que buscaba, sino porque reconoce que la plenitud ya estaba presente. El cambio no ocurre en el mundo externo, sino en la forma de percibirse a sí misma.

Este ejemplo muestra cómo, para UCDM, somos perfectos en esencia, pero en el mundo de la separación nos percibimos como incompletos, y esa percepción es la fuente del conflicto, no una realidad objetiva.

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