El único propósito del tiempo es “darte tiempo” para alcanzar ese juicio, el cual no es otra cosa que el juicio perfecto con respecto a tus propias creaciones perfectas. Cuando todo lo que retengas en la memoria sea digno de amor, no habrá ninguna razón para que sigas teniendo miedo. Ése es tu papel en la Expiación.
Interpretación
Este párrafo presenta una visión muy particular del tiempo y del papel personal en el proceso de corrección según Un Curso de Milagros.
El texto afirma que el tiempo no tiene un valor en sí mismo, sino que cumple una única función: ofrecer la oportunidad de llegar al juicio correcto. Ese “juicio” no es una evaluación externa ni un castigo, sino el reconocimiento claro y amoroso de lo que es verdadero en la propia mente. Se trata de aprender a distinguir entre las creaciones falsas basadas en el miedo y las creaciones verdaderas que son dignas de amor.
Cuando el párrafo habla de “tus propias creaciones perfectas”, señala que la mente, en su estado correcto, crea únicamente lo que es coherente con el amor. Alcanzar el juicio perfecto significa ver todo lo que se conserva en la mente sin culpa, sin miedo y sin condena, reconociendo solo aquello que es digno de amor y dejando que lo demás se desvanezca.
La memoria juega aquí un papel clave: mientras la mente retenga pensamientos de culpa, ataque o miedo, habrá razones aparentes para temer. Pero cuando solo se conserva lo que es amoroso, el miedo pierde completamente su función y desaparece de manera natural.
Finalmente, el texto define este proceso como el papel personal en la Expiación. La Expiación no es algo que se recibe pasivamente, sino una aceptación activa: permitir que la mente sea corregida, usar el tiempo para aprender a juzgar correctamente y soltar las creaciones basadas en el miedo. Al hacerlo, se cumple la propia función en la sanación del conflicto interno y, con ello, se restablece la paz.