Creer que la magia puede resolver lo que solo la mente puede corregir

Es común que sintamos ansiedad o miedo por un problema en el trabajo, una discusión con alguien o una situación difícil en la vida cotidiana. Nuestra reacción habitual es intentar arreglarlo desde afuera: buscamos soluciones rápidas, intentamos controlar a otras personas, modificamos las circunstancias o incluso usamos trucos y estrategias para “resolver” el conflicto. Esto sería la forma de magia, actuando sobre los efectos y creyendo que eso nos dará paz o seguridad.

Según UCDM, este enfoque no funciona porque el problema real está en la mente, en los pensamientos que le damos por verdaderos: miedo, culpa, juicio o creencia en carencia. Por eso, lo que deberíamos hacer es: detenernos, mirar adentro y reconocer cuál es el pensamiento que nos está causando ansiedad o conflicto. En lugar de actuar sobre lo externo, revisamos nuestra interpretación y dejamos que la mente sea guiada hacia la verdad.

En la práctica, esto puede ser tan simple como observar nuestra reacción, reconocer la interpretación errónea y pedir al Espíritu Santo que nos ayude a reinterpretarla. Al corregir el pensamiento, las acciones y la experiencia externa cambian de manera natural. Por ejemplo, en lugar de discutir con alguien o buscar soluciones forzadas, sentimos claridad, calma y podemos responder con serenidad, cooperando sin miedo ni necesidad.

la magia puede generar resultados temporales, cambios visibles o efectos externos, pero nunca toca la causa real, que está en la mente. Creer que la magia solucionará el problema es lo que mantiene la ilusión y evita la verdadera sanación.

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