Imagina a una persona que inicia sus relaciones de pareja desde la sensación de que necesita al otro para sentirse bien. Busca atención constante, confirmación de que es importante y señales de que no será abandonada. Cuando la pareja no responde como espera, aparece el miedo, la exigencia o el conflicto. La relación se vive como algo que debe sostenerse a toda costa, porque sin ella surge la sensación de vacío. En este punto, la pareja cumple la función de cubrir una carencia percibida.
Cuando la relación se experimenta como una necesidad —“necesito a alguien para sentirme completo”, “sin pareja no valgo”, “el otro debe darme amor, seguridad o identidad”— entonces esa necesidad está generada por el ego. El ego se basa en la idea de carencia y utiliza las relaciones para intentar llenar un vacío que en realidad no existe. Desde ahí, la pareja se convierte en un medio para compensar la sensación de incompletud, lo que suele dar lugar a apego, miedo a la pérdida, control o dependencia emocional.
Sin embargo, UCDM no enseña que las relaciones deban evitarse. Al contrario, las considera el principal aula de aprendizaje. Una relación de pareja deja de ser una necesidad del ego cuando no se usa para obtener algo, sino para compartir, aprender y deshacer la creencia en la separación. En ese caso, no nace del “te necesito”, sino del “elijo caminar contigo”.
Con el tiempo, esta persona empieza a observar ese patrón y a cuestionarlo. Se da cuenta de que la ansiedad no proviene realmente de la relación, sino de la creencia de que sin el otro no está completa. Al trabajar esa idea, comienza a experimentar momentos de mayor estabilidad interior, independientemente de lo que haga su pareja.
Desde ahí, la relación cambia de forma natural. Ya no necesita que el otro la confirme constantemente ni que actúe de cierta manera para sentirse segura. Puede expresar lo que siente sin exigir, escuchar sin defenderse y respetar el espacio del otro sin interpretarlo como rechazo. La relación deja de ser un intento de llenar un vacío y se convierte en una elección consciente.
En esta nueva forma de vincularse, la pareja no es alguien que “me completa”, sino alguien con quien caminar juntos. Ambos comparten tiempo, afecto y experiencias no desde la necesidad, sino desde la libertad. Si hay dificultades, se ven como oportunidades de comprensión y no como amenazas. La unión ya no se basa en el miedo a perder, sino en el deseo genuino de compartir el camino.
Este paso de la relación de necesidad a la relación de acompañamiento refleja, desde el enfoque de UCDM, el tránsito del ego a una percepción más unificada: no buscar en el otro lo que creemos que nos falta, sino reconocer la plenitud y compartirla.
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