Según Un Curso de Milagros, la Expiación se consigue mediante la aceptación, no mediante el esfuerzo, el sacrificio ni la corrección del comportamiento externo. El Curso enseña que la Expiación ya está establecida y completa; lo único que se requiere es que la mente deje de resistirse a ella. Esta aceptación ocurre cuando se reconoce que el malestar, el miedo o el conflicto no provienen de la realidad, sino de una interpretación errónea de la mente, y se permite que esa interpretación sea corregida.
La Expiación consiste en la corrección interna del pensamiento que dio lugar a la culpa. El Curso explica que la culpa es el núcleo del error y que, mientras se mantenga, la mente seguirá percibiendo pérdida, ataque y carencia. Aceptar la Expiación implica aceptar que la culpa no tiene fundamento real y que no hay nada que expiar en el sentido de pagar o compensar. Por eso el Texto afirma que la Expiación es un acto de amor y no una respuesta al pecado.
Esta corrección no la realiza el ego ni la mente individual por sí sola. El Curso presenta al Espíritu Santo como el medio mediante el cual la Expiación se aplica en la experiencia diaria. Cada vez que la mente entrega un juicio, un miedo o una interpretación dolorosa para que sea reinterpretada, la Expiación se acepta en ese instante. No se trata de negar lo que se siente, sino de permitir que se le dé otro significado.
Lo que se consigue con la Expiación es, ante todo, paz. Al desaparecer la culpa, desaparece también la necesidad de defensa, ataque o justificación. La mente recupera la sensación de seguridad y plenitud que nunca perdió realmente. El Curso enseña que, al aceptar la Expiación para uno mismo, también se acepta para los demás, porque la corrección no puede ser parcial. De este modo, la Expiación restablece la percepción de unidad y pone fin al conflicto interno que parecía inevitable.
En que situaciones se aplica la expiación y como se aplica.
Según Un Curso de Milagros, la Expiación se aplica en toda situación en la que la mente experimenta malestar, ya sea miedo, culpa, conflicto, juicio, tristeza, enfado, sensación de pérdida o confusión. El Curso no distingue entre situaciones “importantes” o “cotidianas”, porque enseña que todo sufrimiento tiene una sola causa: una interpretación errónea de la mente. Por tanto, cualquier experiencia que no esté acompañada de paz es una señal clara de que la Expiación puede y debe aplicarse.
La Expiación no se aplica a los hechos externos, sino a la interpretación interna que la mente ha hecho de ellos. El Curso explica que no es el acontecimiento lo que perturba, sino el significado que se le ha atribuido. Por eso, la Expiación es siempre pertinente cuando la mente cree haber sido dañada, atacada, rechazada, privada o amenazada, independientemente de la forma concreta que adopte la experiencia.
Aplicar la Expiación consiste, ante todo, en reconocer que la percepción actual no es verdadera. Este reconocimiento no implica negar lo que se siente, sino admitir honestamente que la mente no está viendo con claridad. El Curso recalca que mientras la mente crea que su interpretación es correcta, no puede ser corregida. Por eso, el primer movimiento interno es admitir: “No estoy en paz, por lo tanto, debo estar equivocado en la manera de ver esto”.
Una vez hecho esto, la Expiación se aplica mediante la entrega del juicio al Espíritu Santo, quien es descrito en el Texto como el medio a través del cual la corrección tiene lugar. La mente no tiene que saber cuál es la interpretación correcta ni cómo llegar a ella. Solo tiene que estar dispuesta a que su significado sea reemplazado por otro que no provenga del miedo ni de la culpa. En ese acto de entrega, la Expiación comienza a operar.
El Curso también enseña que la Expiación se aplica tanto a uno mismo como a los demás. Cada vez que la mente acusa, se defiende o juzga, está reforzando la creencia en la culpa. Al permitir que esa acusación sea corregida, no solo se libera uno mismo, sino que se deja de usar al otro como prueba del error. Por eso, la Expiación es inseparable del perdón tal como lo define UCDM: no como absolución de un daño real, sino como reconocimiento de que no hubo daño en la realidad.
Lo que ocurre al aplicar la Expiación es que la culpa pierde su función, y con ella desaparece la necesidad de castigo, defensa o ataque. La mente experimenta alivio, claridad y una paz que no depende de que la situación externa cambie. El Curso insiste en que este proceso puede repetirse tantas veces como sea necesario, porque la Expiación no se agota ni se limita: cada aplicación fortalece la capacidad de la mente para elegir la paz.
Pasos para lograr la expiación según UCDM
Según Un Curso de Milagros, la Expiación no se “consigue” como una meta futura, sino que se acepta. El Curso insiste en que ya está dada, y que lo único necesario es retirar los obstáculos mentales que impiden reconocerla. Por eso, los “pasos” no son acciones externas, sino movimientos internos de la mente. Explicado de forma fiel al texto, el proceso sería el siguiente:
- El primer paso es reconocer la falta de paz. Para UCDM, la paz es el estado natural de la mente. Si hay miedo, culpa, enfado, tristeza, confusión o conflicto, eso indica que la mente está interpretando desde un sistema de pensamiento erróneo. Este paso es fundamental porque el Curso enseña que mientras la mente crea que su malestar está justificado, no buscará corrección.
- El segundo paso es admitir que no sabemos interpretar correctamente lo que percibimos. UCDM es muy claro en esto: la mente humana, cuando se guía por sí misma, no sabe lo que le conviene ni cómo evaluar lo que ve. La Expiación comienza cuando dejamos de confiar en nuestro propio juicio y aceptamos que la percepción actual no es fiable. Esto no es un acto de culpa, sino de humildad mental.
- El tercer paso es asumir responsabilidad a nivel de la mente, no de los hechos. El Curso no pide analizar conductas ni culparse por errores aparentes, sino reconocer que el conflicto está en la mente que interpreta. Aquí se abandona la idea de que el problema está “fuera” y se acepta que la corrección debe producirse dentro. Este paso devuelve el poder a la mente, porque lo que se ha elegido puede ser elegido de nuevo.
- El cuarto paso es entregar el juicio al Espíritu Santo. En términos de UCDM, esto significa permitir que otro sistema de pensamiento reinterprete la experiencia. No se trata de entender cómo lo hará ni de forzar un resultado concreto, sino de estar dispuesto a que el significado que se le ha dado a la situación sea reemplazado. Esta disposición es el núcleo de la Expiación.
- El quinto paso es no interferir con la corrección. El Curso explica que la Expiación actúa automáticamente cuando no se le ponen obstáculos. Interferir sería seguir justificando el miedo, defendiendo la culpa o reafirmando el juicio. Permanecer receptivo, aunque no se experimente un alivio inmediato, forma parte del proceso.
- El sexto paso es aceptar la paz cuando llega, sin cuestionarla. Muchas veces la mente rechaza la paz porque está acostumbrada al conflicto. UCDM enseña que aceptar la Expiación implica permitir que la paz sustituya al conflicto sin sentir culpa por dejar atrás el sufrimiento. Este es un aprendizaje progresivo.
Finalmente, la Expiación se consolida mediante la aplicación constante. Cada vez que surge una perturbación y se repite este proceso, la mente aprende que existe otra manera de ver. El Curso recalca que no hay jerarquía de errores: cualquier perturbación, por pequeña que parezca, es una oportunidad completa para aceptar la Expiación.
En esencia, hacer para aceptar la Expiación significa: reconocer la falta de paz, abandonar el propio juicio, entregar la interpretación y permitir que la corrección tenga lugar. No requiere esfuerzo, sacrificio ni comprensión intelectual profunda, solo disposición sincera. Como enseña UCDM, la Expiación no exige nada más porque restaura lo que nunca se perdió.
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