T-2.VI.7-8 – Todo conflicto tiene su origen en el miedo

El primer paso correctivo para des-hacer el error es darse cuenta, antes que nada, de que todo conflicto es siempre una expresión de miedo. Dite a ti mismo que de alguna manera tienes que haber decidido no amar, ya que de otro modo el miedo no habría podido hacer presa en ti. A partir de ahí, todo el proceso correctivo se reduce a una serie de pasos pragmáticos dentro del proceso más amplio de aceptar que la Expiación es el remedio. Estos pasos pueden resumirse de la siguiente forma:

  • Reconoce en primer lugar que lo que estás experimentando es miedo.
  • El miedo procede de una falta de amor.
  • El único remedio para la falta de amor es el amor perfecto.
  • El amor perfecto es la Expiación.

He subrayado que el milagro—la expresión de la Expiación—es siempre un gesto de respeto del que es digno para con otro que es digno también. El reconocimiento de esa dignidad lo restablece la Expiación. Resulta obvio, por lo tanto, que cuando tienes miedo, te has colocado a ti mismo en una posición en la que necesitas la Expiación. 4 Has actuado sin amor al haber elegido sin amor. 5 Ésta es precisamente la situación para la que se instituyó la Expiación. La necesidad del remedio inspiró su establecimiento. Mientras te limites a reconocer
únicamente la necesidad del remedio, seguirás teniendo miedo. Sin embargo, tan pronto como aceptes el remedio, habrás des-hecho el miedo. Así es como tiene lugar la verdadera curación.

Interpretación

Este texto explica que todo conflicto tiene su origen en el miedo, y que el miedo aparece siempre porque, en algún nivel, se ha elegido no amar. Reconocer esto es el primer paso para corregir el error. A partir de ahí, el proceso de sanación consiste en aceptar que existe un remedio único, la Expiación, y aplicarlo de manera práctica.

El texto aclara que el miedo no es un problema en sí mismo, sino una señal de que falta amor. Esa falta solo puede corregirse mediante el amor perfecto, que el Curso identifica con la Expiación. El milagro, como expresión de la Expiación, restablece el reconocimiento de la dignidad propia y ajena, y por eso deshace el miedo.

Finalmente, se subraya que reconocer que se necesita el remedio no es suficiente: mientras uno solo admita la necesidad, el miedo persiste. El miedo se deshace únicamente cuando se acepta activamente la Expiación, y es en ese momento cuando tiene lugar la verdadera curación.

Enseñanzas relacionadas

Scroll al inicio