T-3.I.5.5-6 y 6.1-7 – Una mente pura es aquella que conoce la verdad.

Una mente pura conoce la verdad y en eso radica su fuerza. No confunde la destrucción con la inocencia porque asocia la inocencia con la fuerza y no con la debilidad. La inocencia es incapaz de sacrificar nada porque la mente inocente dispone de todo y sólo se esfuerza por
proteger su plenitud. No puede proyectar. Tan sólo puede honrar a otras mentes porque honrar a otros es el saludo natural de los verdaderamente amados hacia los que son como ellos.

Interpretación

Este párrafo describe cómo es la mente que ha recuperado la percepción correcta, y aclara profundamente el significado de inocencia, fuerza y relación con los demás según Un Curso de Milagros.

Una mente pura es aquella que conoce la verdad, y ese conocimiento es su verdadera fuerza. No necesita defenderse, atacar ni justificarse, porque no se percibe vulnerable. Por eso no confunde destrucción con inocencia: no cree que hacer daño, sacrificarse o soportar sufrimiento sea una forma de virtud. La mente pura entiende que la inocencia no es pasividad ni debilidad, sino plenitud y poder real.

El texto subraya que la inocencia no puede sacrificar nada porque no experimenta carencia. Sacrificar implica creer que algo falta o que algo debe perderse para ganar otra cosa. La mente inocente, al reconocerse completa, no intenta renunciar ni compensar; simplemente protege su plenitud, que es lo único que reconoce como valioso.

Al decir que no puede proyectar, el párrafo señala que una mente inocente no atribuye a otros lo que cree que le falta o teme en sí misma. La proyección nace de la culpa y del miedo; cuando éstos desaparecen, ya no hay nada que proyectar.

Finalmente, el texto explica que la relación natural entre mentes inocentes es el honrar. Honrar a otros no es someterse ni idealizar, sino reconocer en ellos la misma verdad y plenitud que uno reconoce en sí mismo. Ese reconocimiento es espontáneo, no forzado, y surge del amor compartido: los verdaderamente amados se reconocen entre sí como iguales, sin comparación, ataque ni necesidad.

En síntesis, el párrafo enseña que la inocencia es fuerza, plenitud y claridad, y que desde ella desaparecen el sacrificio, la proyección y el conflicto, dando paso a relaciones basadas en el respeto y el reconocimiento mutuo.

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