T-3.I.7.4-5 – La inocencia no tiene conciencia del mal

La inocencia es sabiduría porque no tiene conciencia del mal; y el mal no existe. No obstante, es perfectamente consciente de todo lo que es verdad.

Interpretación

Este párrafo condensa una enseñanza central de Un Curso de Milagros sobre la inocencia, el conocimiento y la realidad.

Cuando afirma que la inocencia es sabiduría, el texto está desmontando la idea común de que la inocencia es ignorancia. Para el Curso, la inocencia no es falta de conocimiento, sino conocimiento verdadero. Es sabia precisamente porque no se basa en el error. La mente inocente no “desconoce” el mal por ingenuidad, sino porque no lo reconoce como real.

Decir que la inocencia “no tiene conciencia del mal” significa que no da realidad a aquello que no existe. El Curso sostiene que el mal no es una fuerza opuesta al bien, sino una interpretación errónea nacida del miedo. Por eso, cuando el texto afirma que el mal no existe, no está negando la experiencia humana del sufrimiento, sino señalando que su causa no tiene realidad verdadera.

Al mismo tiempo, la inocencia es plenamente consciente de la verdad. No vive en negación ni en evasión, sino en una percepción clara de lo que es real: el amor, la plenitud, la unidad y la inocencia compartida. Esta conciencia no necesita vigilar ni defenderse, porque no percibe amenaza alguna.

En conjunto, el párrafo enseña que la verdadera sabiduría no consiste en conocer tanto el bien como el mal, sino en reconocer solo lo verdadero. La inocencia, lejos de ser frágil, es una forma de claridad mental en la que el error pierde significado y solo permanece la verdad.

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