Entregar la percepción

Imagina que una persona siente tensión e incomodidad porque percibe que alguien cercano no le trata con la atención o consideración que espera. La mente interpreta la situación como prueba de rechazo o desinterés, y surge miedo: “No me valoran, algo me falta, necesito asegurarme de que me reconozcan”.

Siguiendo la herramienta del Curso, el primer paso es reconocer que esta tensión es un signo de percepción distorsionada. La inquietud no proviene de la otra persona, sino de cómo la mente interpreta los hechos según sus creencias y necesidades. Aceptar esto es ver que la mente está buscando seguridad en algo que cambia constantemente.

El segundo paso es entregar la percepción al Espíritu Santo. La persona decide no juzgar ni intentar cambiar lo que ocurre, sino permitir que su mente sea guiada para reinterpretar la situación. La entrega no requiere comprensión inmediata ni acción externa; consiste en confiar en que la mente puede recibir corrección y ver la situación desde un punto de vista de amor y unidad.

El tercer paso es descansar en la percepción corregida. La mente deja de insistir en la interpretación del ego que provoca miedo y tensión, y empieza a percibir la relación sin necesidad de control ni expectativa. La percepción ya no dicta la emoción; ahora sirve como base para aprender a dejar de proyectar conflicto y a reconocer la dignidad propia y ajena.

El cuarto paso es permitir que surja el Conocimiento. Al retirar la función de decidir y juzgar, la mente entra en quietud. En esa calma surge una certeza interna: la relación no define la valía ni la paz de la persona. La mente reconoce que siempre tiene acceso a la verdad y a la unidad con los demás, y la paz que surge no fluctúa con las actitudes o acciones externas.

En este ejemplo, se ve cómo la percepción verdadera se convierte en la base del Conocimiento: aunque la mente sigue usando la percepción para interpretar, ya no se basa en miedo ni juicio. Y se evidencia que el objetivo no es perfeccionar la percepción, sino liberar la mente de sus distorsiones para que pueda recordar la certeza que siempre ha estado allí.

El resultado es una experiencia de paz interna que no depende de nada externo, sino de la entrega consciente de la mente y de su apertura a la guía del Espíritu Santo, tal como enseña UCDM.

Para profundizar

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