T-3.V.10.1-4 – La oración es una herramienta temporal, para corregir la percepción.

Mientras continúe habiendo percepción, la oración será necesaria. Puesto que la percepción se basa en la escasez, los que perciben no han aceptado totalmente la Expiación ni se han entregado a la verdad. La percepción se basa en un estado de separación, así que todo aquel que de alguna manera percibe tiene necesidad de curación. El estado natural de los que gozan de conocimiento es la comunión, no la oración.

Interpretación

Este párrafo explica por qué la oración pertenece al ámbito de la percepción y no al del Conocimiento, y lo hace sin desvalorizarla, sino situándola correctamente dentro del proceso del Curso.

Mientras exista percepción, la oración es necesaria porque la percepción implica carencia. Percibir significa experimentar desde la idea de separación: yo aquí, algo allí, algo que me falta o que necesito alcanzar. En ese marco, la oración aparece como un puente, no como un fin. Es una forma de pedir ayuda mientras la mente aún no ha aceptado completamente la Expiación, es decir, mientras todavía cree que la separación es real.

El texto es muy claro: la percepción se basa en la escasez. No importa que la percepción sea “positiva” o “negativa”; mientras se perciba, la mente no está en la verdad completa. Por eso el Curso afirma que todo el que percibe necesita curación. No es una acusación, es una descripción del estado mental: percibir implica no saber, y no saber implica necesitar corrección.

Aquí el Curso da un giro importante: el estado natural del conocimiento no es la oración, sino la comunión. En el Conocimiento no se pide, porque no falta nada. No hay un “yo” separado que solicite algo a un “Dios” distante. Hay unión, participación y certeza. La comunión no es un acto, es un estado.

Esto aclara una confusión frecuente: la oración no es el objetivo final del Curso. Es una herramienta temporal, útil mientras la mente aún funciona desde la percepción. Cuando la percepción se disuelve y la verdad es recordada, la oración deja de ser necesaria, no porque sea incorrecta, sino porque ya no hay nada que pedir.

El Curso no eleva la oración como meta, sino que apunta más allá de ella, hacia un estado en el que la unión ya no necesita ser solicitada porque se reconoce como lo que siempre ha sido.

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