En las relaciones personales, el miedo surge cuando lo que deseamos en nuestra mente choca con lo que creemos que debemos hacer. Por ejemplo, puedes querer acercarte, comunicarte con honestidad o expresar afecto, pero al mismo tiempo sientes que debes comportarte de cierta manera para ser aceptado o no provocar rechazo.
Esto genera dos tipos de tensión:
- Comportamiento conflictivo: actúas según tus deseos, pero también tratas de ajustarte a lo que crees que el otro espera. Esto provoca frustración interna y miedo, y a veces proyectas esa tensión sobre los demás.
- Comportamiento congruente pero forzado: haces lo que crees que “debes” hacer, aunque no lo sientas genuinamente. La relación puede parecer estable externamente, pero internamente hay rigidez, presión y ansiedad.
En ambos casos, la mente está dividida, y el miedo es señal de esa división. La verdadera corrección, según UCDM, no está en cambiar la conducta externa o forzar la relación, sino en revisar los pensamientos que generan conflicto, soltar las ideas de necesidad, juicio o control, y permitir que la percepción se alinee con la verdad: que el otro es completo y que nuestra paz no depende de su comportamiento.
Cuando la mente se corrige, la relación deja de ser fuente de miedo o tensión, y la interacción se vuelve fluida, colaborativa y basada en comprensión, en lugar de necesidad o miedo.