T-3.III.7.1-6 – La paz en las relaciones no se logra corrigiendo al otro, sino corrigiendo cómo lo vemos.

Si atacas el error que ves en otro, te harás daño a ti mismo. No puedes conocer a tu hermano si lo atacas. Los ataques siempre se lanzan contra extraños. Al percibir falsamente a tu hermano lo conviertes en un extraño y, por lo tanto, no puedes conocerlo. Y al haberlo convertido en un extraño, le tienes miedo. Percíbelo correctamente para que lo puedas conocer.

Interpretación

Este párrafo expone con mucha claridad cómo funciona la percepción en la relación con los demás según Un Curso de Milagros, y por qué el ataque nunca puede conducir al conocimiento ni a la paz.

Cuando el texto dice “Si atacas el error que ves en otro, te harás daño a ti mismo”, no se refiere solo al ataque físico o verbal, sino al ataque mental: el juicio, la condena, la interpretación negativa. En el Curso, todo ataque es siempre un ataque en la mente, y su efecto principal es reforzar la creencia en la separación. Al atacar lo que crees ver en tu hermano, confirmas para ti mismo que el error es real, y al hacerlo lo haces real en tu propia experiencia. Por eso el daño no va hacia el otro, sino que regresa a quien juzga.

El texto continúa afirmando: “No puedes conocer a tu hermano si lo atacas”. Aquí se introduce la distinción central entre percibir y conocer. Conocer implica reconocimiento de unidad, de identidad compartida. El ataque, en cambio, solo puede darse cuando se percibe al otro como separado, distinto o amenazante. Mientras haya ataque, no hay conocimiento, solo percepción distorsionada.

La frase “Los ataques siempre se lanzan contra extraños” es clave. Nadie ataca aquello que reconoce como propio o unido a sí. El ataque solo surge cuando el otro es visto como “no yo”, como ajeno, como alguien distinto. El Curso enseña que el hermano nunca es realmente un extraño, pero la percepción falsa lo convierte en uno.

Por eso el texto aclara: “Al percibir falsamente a tu hermano lo conviertes en un extraño y, por lo tanto, no puedes conocerlo”. La percepción distorsionada no solo altera la imagen del otro, sino que rompe la posibilidad de conocimiento, porque el conocimiento solo es posible donde hay reconocimiento de verdad y unidad.

Luego añade una consecuencia inevitable: “Y al haberlo convertido en un extraño, le tienes miedo”. El miedo no surge porque el otro sea peligroso, sino porque ha sido interpretado como ajeno, separado y desconocido. El miedo es siempre un efecto de la percepción falsa, nunca una respuesta a la realidad.

Finalmente, el párrafo ofrece la corrección: “Percíbelo correctamente para que lo puedas conocer”. Aquí se afirma que la percepción corregida es el puente hacia el conocimiento. No se trata de perfeccionar la percepción como un fin, sino de permitir que sea corregida para que deje de bloquear el reconocimiento de la verdad. Cuando la percepción se corrige, el hermano deja de ser un extraño, el miedo desaparece y se restablece la posibilidad de conocer, que en el lenguaje del Curso significa recordar la unidad.

En conjunto, este párrafo enseña que:

  • El ataque siempre nace de una percepción falsa.

  • La percepción falsa convierte al hermano en un extraño.

  • El miedo es una consecuencia directa de esa percepción.

  • La corrección de la percepción no crea la verdad, pero elimina el obstáculo que impedía conocerla.

Así, el Curso nos muestra que la paz en las relaciones no se logra corrigiendo al otro, sino corrigiendo cómo lo vemos. Cuando dejamos de atacar la ilusión, el conocimiento se vuelve posible de nuevo.

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