Imagina que tienes que dar una presentación en el trabajo. Realmente quieres transmitir tus ideas con naturalidad, pero también crees que debes hacerlo de cierta manera para que te aprueben o te reconozcan.
- Primer escenario (comportamiento conflictivo): Mientras hablas, intentas decir lo que realmente quieres, pero al mismo tiempo tratas de ajustarte a lo que crees que los demás esperan. Esto genera tensión interna y frustración: parte de ti se enfada por no poder expresarse libremente. Puede aparecer miedo, nerviosismo, e incluso enojo hacia ti mismo o hacia los demás si percibes que “no te entienden”.
- Segundo escenario (comportamiento congruente pero forzado): Decides decir solo lo que crees que “debes” decir, aunque no lo sientas en tu interior. Tu presentación es correcta y coherente, pero internamente sientes presión, rigidez y tensión, porque estás actuando en contra de tu deseo genuino. La sensación de miedo o incomodidad sigue presente.
En ambos casos, el miedo surge porque la mente está dividida: una parte quiere algo, otra hace otra cosa. UCDM nos enseña que cambiar solo la forma de actuar (ajustarse más al deber o al deseo) no elimina el miedo. La verdadera solución está en revisar los pensamientos que causan la división: creencias sobre aprobación, miedo al juicio, la idea de que no somos suficientes o que necesitamos validar nuestro valor externamente.
Aplicando UCDM, podrías:
- Reconocer el miedo y notar que proviene de un conflicto interno, no del trabajo ni de la audiencia.
- Examinar los pensamientos subyacentes que generan la división (por ejemplo: “debo impresionar para ser aceptado”).
- Entregar esos pensamientos al Espíritu Santo o reinterpretarlos, dejando que la mente se alinee con la verdad: que tu valor no depende de la aprobación externa y que puedes expresarte desde tu plenitud.
- Actuar después desde esa mente corregida, lo que hará que la presentación se desarrolle con naturalidad y sin miedo, incluso si el resultado externo es igual que antes.