Este párrafo explica por qué el miedo no puede resolverse mediante el control, la lucha o la supresión, y señala dónde se encuentra la verdadera corrección según Un Curso de Milagros.
El texto afirma que intentar dominar el miedo directamente es inútil porque ese intento parte de una premisa equivocada: creer que el miedo tiene un poder real. Al tratar de controlarlo, resistirlo o vencerlo, la mente está confirmando implícitamente que el miedo es algo fuerte, peligroso y real, y que necesita ser combatido. De este modo, lejos de desaparecer, el miedo se refuerza.
La enseñanza central es que el miedo no se corrige con más control, sino con un cambio de fundamento. La verdadera solución no consiste en dominar el miedo con fuerza de voluntad, sino en alcanzar el dominio a través del amor. El amor, en el sentido del Curso, no es una emoción opuesta al miedo, sino el reconocimiento de lo real, donde el miedo no tiene cabida porque no existe ninguna amenaza.
Mientras la mente siga creyendo que el miedo tiene poder, el conflicto interno es inevitable. Esto ocurre porque la persona se ha colocado a sí misma en una posición contradictoria: cree en el poder de algo que en realidad no existe. Esa creencia genera tensión, lucha interna y sensación de conflicto.
En síntesis, el párrafo enseña que el miedo no se vence, sino que se deshace cuando se deja de creer en él. El amor no lucha contra el miedo; simplemente lo hace innecesario al restablecer la percepción correcta de la realidad.